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Las lecciones que al cabo de años y años de trabajarla recibían de la tierra los agricultores llaneros, sumadas a las que a los investigadores les entregaron la Universidad y el ejercicio profesional, condujeron a ambos a concluir que en la región se cometían tantos abusos en la preparación de los suelos que se les estaba condenando a muerte.
Paradójicamente, pese a ser tan sencilla de aplicar y de producir resultados inobjetables en lo agronómico, económico y ambiental, la solución no se ha aplicado en un área acorde con su impacto, reconoce Guillermo Reyna, veterano y exitoso cultivador de maíz, soya y arroz, que junto a Samuel Caicedo, investigador de Corpoica, hace doce años prendieron las alarmas e iniciaron las acciones para salvar el suelo llanero. La fórmula salvadora es lo que se conoce como labranza mínima, cero labranza, o más universalmente, agricultura de conservación. Para conocer en detalle este sistema algunos agricultores viajaron a Brasil, el país tropical por entonces más avanzado en su aplicación, y aprovecharon para comprar allí maquinaria especializada. Aunque la acogida inicial desbordó las expectativas de sus promotores pues al poco tiempo ya estaban sembradas con estas prácticas alrededor de 4.000 hectáreas , al cabo de cuatro años Corpoica empezó a padecer recortes presupuestales que la obligaron a desacelerar el ritmo de sus investigaciones, situación que se reflejó en que sólo se mantuvieran firmes en la aplicación los agricultores totalmente convencidos de las bondades del sistema, mientras que los que no lo estaban terminaron volviendo al sistema tradicional. Aunque no se ha logrado que la totalidad de los agricultores adopten plenamente la cero labranza, y pese a las deserciones referidas, es evidente en la región una reducción considerable del número de pasos de las rastras y rastrillos por los lotes. El principal problema pendiente de solución estriba en que, al parecer, luego de varias cosechas de arroz, concretamente, se acumulan en el suelo elementos como hongos, que terminan afectando a los cultivos subsiguientes. Explica Guillermo Reyna que también está por investigarse si algunos insectos, plagas de la soya, permanecen latentes en el suelo tras la cosecha y reaparecen en la temporada venidera en la que atacan al maíz con el que suele rotarse la leguminosa. Por eso es importante el intercambio de opiniones con expertos de otros países para tratar de hallar respuestas. Infortunadamente, son las zonas templadas las verdaderamente avanzadas en la aplicación de este sistema de cultivo, ya que en las tropicales Colombia es la más adelantada. Desde 1994, los impulsores del sistema se han preocupado por buscar masificar el conocimiento y la aplicación de los principios de la agricultura de conservación, y para ello nada mejor que traer a Colombia a los principales expertos de Latinoamérica, entre ellos el chileno Carlos Corovetto, que implantó hace más de 30 años este sistema y a quien se consulta permanentemente en Estados Unidos y Europa, donde se han publicado sus libros, el brasileño Manoel H. “Nono” Pereira, y el argentino Víctor Trucco. |